Al fin había llegado la tan esperada lluvia, cayeron 658 gotas en mi balcón. Me pregunté si la persona que las estaba arrojando lloraba de pena o de alegría, luego 5 gotas brotaron de mis ojos, ahí comprendí, que las lágrimas no eran parte de las penas o de las alegrías, sino que eran simples emociones que brotaban a flor de piel y que no se podían dejar pasar...

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