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miércoles, 11 de agosto de 2010

La noche, repentinamente cambió de color, ya ni siquiera se veían las estrellas, ni el reflejo de nada, ni nadie.
Era una noche más amarga que de costumbre, la niebla opacaba el brillo de mis ojos, y la sonrisa de sus labios,
no habían temas pendientes, ni temas diarios, no quedaba ni una gota de lo que fue en el pasado, ni de lo que soñábamos en el futuro, simplemente, no quedaban ganas de charlas planeadas
Sentía que no eramos parte del mismo mundo, pero sí del mismo aire, no comprendía nada, trataba de no pensar, pero la mente me inundaba de cosas inexplicables, intenté liberarme muchas veces, pero era más fuerte que yo, sentía que él intentaba quererme, pero sus intentos eran más fallidos que todos mis romances inconclusos.
Las luces de la ciudad, comenzaron a ser poco a poco más opacas, y no me lo explicaba, me daba miedo dejar de verlo, porque sentía que sus sentimientos cambiarían repentinamente. Era inevitable no pensar así, era feliz, pero a la vez me angustiaba tanto tenerlo en mi vida, y no porque no me gustara ,si no que por todo lo demás que no me correspondía, pero que no podía dejar pasar. Tomé tantas decisiones que no quería, pensé tantas cosas que no sentía, y sin embargo, estaba dispuesta a estar con él...


(C.M)

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